Si ya es mala combinación la de los locales nocturnos y sus vecinos, ni que decir tiene si además les añadimos las bandas de R&R.
No vamos a tratar aquí de invadir los derechos de unos ni de los otros, ni mucho menos, sencillamente tratamos de constatar un hecho habitual en las noches de los fines de semana de cualquier población del país que sea. Quien no sabe de algún caso de denuncias por parte de alguna comunidad que trata de descansar en el calor de su hogar mientras otros intentan divertirse y expansionarse justamente debajo. Las causas son de lo más ecléctico y van desde los decibelios exajerados a las meadas en la calle, los vasos sobre los coches ó el bullicio que se monta entre local y local.

La cosa se agrava ostensiblemente cuando a esta combinación de local y vecinos le añadimos el componente de los conciertos. Una pena en cualquiera de los casos y tiene difícil solución. El caso es que los escasos locales que temerariamente se aventuran y apuestan por ofrecer música en directo están avocados a parar dichos conciertos a las 24:00 con lo que las bandas deben de empezar a tocar a las 22:30, hora de cenar.
Y es que es el pez que se muerde la cola, los locales hacen conciertos no solo por gusto sino por negocio, negocio que sale de atraer gente a ver dichos conciertos. Por otro lado, para cualquier banda, lo que es agradecido es tocar, pero tocar para un público y esto precisamente es lo que se hace imposible que suceda. No porque la peña esté de botellón ó cosa similar, sencillamente ó bien están acabando las compras semanales ó bien cenando, que es lo suyo.
Así que aquí nos encontramos como banda, forzados a tocar a las 23:30 frente a una paupérrima audiencia compuesta, en su mayoría, por amigos y familiares, y tratando de cubrir gastos de material y desplazamiento.
Mal rollito.
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